EduarDoagreda.com A la inversa

Cómo ponerle precio a tu trabajo.

Se acercó a mí con una pregunta que todos los que hemos vendido servicios nos hemos hecho alguna vez.

Pregunta que, en muchos casos, nos llena de ansiedad y estrés cuando tenemos que pensar en ello.

Como le había sucedido a mi amigo Jonn Terry.

Unas personas lo habían visto cantar en un pequeño bar de la ciudad, donde trabajaba algunas noches para poder tener algo de dinero extra que le permitiera mantener a su familia e invertir en su carrera como cantante.

 

Les había gustado tanto su show que habían decidido contratarlo para una fiesta privada.

 

El trato estaba casi cerrado. Digo “casi” porque solo faltaba una cosa y todo dependía de ello.

Y le habían dado a Terry un plazo corto para tomar una decisión: unos 3 días, si la memoria no me falla, lo cual le había generado estrés y ansiedad.

Pudo haber resuelto la situación de manera fácil, como te mostraré en un momento. Pero decidió meter todo ese estrés y ansiedad de manera gratis en su cabeza.

Pero no lo culpo. La mayoría nos complicamos al querer…

 

Ponerle precio a nuestro trabajo.

 

Es el síndrome del impostor que nos toma por la espalda, nos coloca un cuchillo en el cuello y nos toma como rehenes.

Todo el que ha vendido servicios ha estado alguna vez en una situación así, pasando horas mirando y comparando los precios de servicios similares para ver cómo podemos colocar los nuestros y evitar sentir que estamos “estafando a alguien” o que nos estamos “estafando” a nosotros mismos.

Pero muchos de esos rangos de precios que miramos fueron colocados por personas en la misma situación que nosotros. Muchas veces, no son garantía fiable del precio real que vale lo que hacemos.

 

Volviendo a mi amigo Terry y al desenlace de esta historia.

 

Decidió hacerle caso a su síndrome del impostor y no a lo que parecía ser un buen consejo.

¿Cuál consejo?

El que te daré justo abajo y que le habría permitido a él (y a cualquiera que lo ponga en práctica) determinar el precio de sus servicios de forma fácil y sin darle muchas vueltas al asunto.

Ese día, le había pedido que visualizara el precio que, en ese momento, creía que valía su trabajo. Y que, cuando lo tuviese en mente, se preguntara si realmente se sentía cómodo con él…

 

Ese no era; había que subirlo.

 

“Súbelo hasta que encuentres uno que te haga sentir que es mucho dinero, que es muy caro, que lo que haces vale menos y que no eres nadie para cobrar eso…

…Cuando tengas esa sensación, recuerda que es el síndrome del impostor haciendo su trabajo.

Cuando sientas eso, ten por seguro que habrás encontrado tu precio o una buena base para empezar. Luego, haz que tu show valga cada centavo.” Le dije.

 

Quizás tú puedas aprovechar mejor ese consejo.

Por lo que respecta a mi amigo Jonn Terry, a las pocas semanas se acercó a mí como aquella vez y me dijo:

“Sabes qué, quedaron encantados. Si les hubiese cobrado 500 dólares me lo hubiesen pagado; era una fiesta de gente con mucho dinero”.

A mí, por ese show que le he visto hacer muchas veces antes, 500 dólares me siguen pareciendo “barato”.

Pero supongo que para los 60 dólares que cobró él… $500 hubiesen estado bien.

 

 

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